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Sé parte de una historia completa...

Nosotros y nosotras

El Fondo Editorial Guanajuato somos todos y todas: autores, editores, libreros, bibliotecarias, promotores y gestoras, pero, sobre todo, somos  personas lectoras.  Es asi que, los diversos públicos lectores, sus gustos, tendencias y obsesiones; cada una de sus historias lectoras conforman el escenario de nuestra identidad, el cual por supuesto, rebasa el tiempo y el espacio de nuestro lugar de residencia o de nuestra propia existencia. ¡Gracias por compartir estos diez años!

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Fondo Editorial Guanajuato y sus 10 años de triunfos
Pablo Paniagua

En el año 2011 el Estado de Guanajuato fue el invitado de honor en la Feria Internacional del Palacio de Minería, en la ciudad de México, y el Instituto Estatal de la Cultura decidió acudir, ya fuera con editoriales institucionales, independientes y proyectos alternativos, para presentar en la capital del país la producción editorial del estado, en una labor de desarrollo que por primera vez integraba al conjunto del sector editorial, y con tal suerte o merecimiento el Pabellón Guanajuato fue todo un éxito de asistencia de público y también de ventas con su variado y amplio fondo editorial.

Ya había una idea y teníamos el “fondo”, o sea, empezar asistir a algunas ferias representativas, como la citada del Palacio de Minería, la FeNal de León, la

imprescindible FIL de Guadalajara (la más importante del mundo en habla hispana), y posteriormente a la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, mediante una alianza entre la iniciativa institucional y la privada que buscó vincularse para dar a conocer la

producción editorial del estado más allá de nuestras fronteras y poder decir con orgullo: “Aquí estamos los Guanajuatenses con nuestros libros”; y resulta que esos libros se vendían, los que antes estaban en una bodega y ahora encontraban su lugar en las manos

de multitud de lectores, y así, feria tras feria, se fue impulsando con presentaciones, conferencias y ventas, la cultura escrita de nuestra entidad.

Así surgió la plataforma de promoción editorial que vino a detonar la espiral virtuosa que modificó el panorama editorial guanajuatense, e incluso literario, y que ahora, de pronto, nos convertía en exportadores de nuestra cultura local. Ediciones La Rana comprendió que no se trataba sólo de publicar libros, sino que debía darlos a conocer para encontrar lectores, y que la labor de un instituto cultural, asimismo, era apoyar a un debilitado e incipiente sector editorial y a sus autores, porque no hay que

olvidarse de las voces que buscan su lugar y desean ser escuchadas, ver su trabajo impreso sin las limitaciones de tiempos pasados, y así comenzó a surgir una nueva generación de escritores con el campo ya despejado. En este sentido, y como evolución de esa espiral virtuosa, Ediciones La rana tuvo la genial idea de sumar esfuerzos con el proyecto formativo “Fondo para las Letras Guanajuatenses”, para así acelerar los emprendimientos de esa nueva generación de autores y también como método de

dictaminación para publicar los mejores textos ya trabajados en una tutoría con escritores reconocidos.

No me queda más que sentirme orgulloso de haber participado, desde los inicios, en este proceso de crecimiento generado por el Fondo Editorial Guanajuato, y sentir, de algún modo, haber colaborado a abrir espacios para la cultura escrita en nuestro estado y más allá, pues sólo me queda agradecer a todos los que fueron y son mis compañeros en esta triunfante aventura donde la vinculación entre una institución pública y el sector

privado hizo posible un proyecto que ya cumple 10 años habiendo rebasado sus expectativas iniciales, y que, por ello, hay que seguir fortaleciendo.

Diez años se dice fácil, pero equivale a dos lustros; a 3 650 días; 87 600 horas; 5 256 000 minutos; 315 360 000 segundos; a la participación con estantería abierta al público para exhibición y venta en un mínimo de 40 ferias de libros, varias de ellas de carácter internacional, nacional o local; haber propiciado la organización y participación de alrededor de 900 actividades de animación literaria como son: presentaciones editoriales, mesas de lectura, charlas y conferencias; igual número de escritores, ponentes, académicos y  cuenta cuentos; y, por supuesto, un estimado de más de 250 mil lectores (entre compradores, público asistente y amigos visitantes).

Si a esto se añade la edición de nuevos títulos, de nuevos creadores literarios, la venta de ejemplares, y de los diversos públicos que asistieron a esta amplia oferta, es claro el por qué se cumple aquí ese viejo postulado relativo a las leyes de proximidad que la Gestalt resume en uno de sus axiomas más conocidos: El todo es más que la suma de sus partes. 

El 22 de febrero de 2012, teniendo como marco la edición XXXIII de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería vio por primera vez la luz lo que se conocería en aquel entonces como Fondo Guanajuato (ahora Fondo Editorial Guanajuato). Con apoyo del Instituto Estatal de la Cultura, por medio de Ediciones La Rana, en esa ocasión, el estado de Guanajuato asistió como invitado especial. Durante esos doce días, se instaló para atención de los visitantes, un pabellón especial que albergó en módulos de exhibición y venta una oferta atractiva de publicaciones, acompañado de un nutrido programa de más de 66 actividades literarias con más de 150 invitados. Por primera ocasión una entidad, sin distinción alguna, hacía un esfuerzo por mostrar lo más representativo de su quehacer editorial.

Fondo Editorial Guanajuato no fue el resultado de una decisión exclusiva del fuero institucional, gracias al empeño de un grupo heterogéneo de personas (editores, autores, gestores, libreros) que se proponían incidir en la cadena del libro guanajuatense poniendo como eje no a los autores, ni siquiera al gremio de libreros, ni tampoco de las editoriales gubernamentales o independientes involucradas, sino al objeto cultural motivo central (leitmotiv): el libro.

El surgimiento de esta iniciativa a lo largo de estos diez años ha sido calificada  por propios y extraños como una de las estrategias más exitosas de promoción del libro guanajuatense. No hay una mesa directiva, ni líder moral. Todas las acciones se realizan por la voluntad participativa y generosa de quienes se involucran o no. No hay cuotas ni formato de inscripción.

En estos diez años, las tendencias en política cultural, en economía, en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, el auge de la Internet y de las redes sociales y, por supuesto, con una pandemia en medio que trastocó los usos y comportamientos en cuanto a consumo de bienes y servicios culturales, se tradujo en cierre de librerías, en la deconstrucción de conceptos como el de la biblioteca pública, del bibliotecario como agente social y la relación entre el sector educativo y el cultural; entre el mundo de los autores, el de los libros como objeto cultural y el mundo de los lectores; la resignificación de las actividades de promoción o animación a la lectura,  sobre el acceso al libro electrónico e impreso, de la elevación de los gastos de impresión y encuadernación y, por ende, en la reducción sostenida de los tirajes.

En este contexto, el Fondo Editorial Guanajuato le apuesta a la formación de públicos lectores, como la vía más congruente para que las nuevas generaciones vean en la cultura escrita una herramienta de socialización, de aprehensión de la realidad, de construcción de conocimiento y, en pocas palabras, para ser y estar en el mundo.

Aquí queda, pues, este espacio como invitación a  todos aquellos que han aportado su tiempo, su trabajo, su creatividad, sus libros, para que escriban lo que consideren meritorio compartir. ¡Enhorabuena por estos primeros diez años; en espera de otros 3 650 días por delante!

Fondo Editorial Guanajuato: 10 años

Fondo Editorial Guanajuato
renueva su compromiso

En el Fondo Editorial Guanajuato, sabedores de que los lectores son el verdadero motor de la cadena del libro, renovamos nuestra apuesta por el desarrollo de nuevos públicos. Este objeto cultural por excelencia -el libro- no deja de ser, al fin y al cabo, un soporte como cualquier otro para transmitir y recibir historias. Somos, en esencia,  escuchadores y contadores de historias. De hecho, nuestro mundo, el mundo que nos ha tocado vivir, está cimentado en clave literaria. Nuestra historia es un largo relato que se compone, a su vez, de un sinnúmero de otras historias.

No obstante, cuando hablamos de formación de públicos, es frecuente que surjan nociones que van desde diferentes actitude y  creencias, hasta los diversos tipos de consumo de bienes y servicios culturales por parte de los  espectadores actuales o de los potenciales. Se ha llegado a pensar que, de lo que se trata es de incrementar el número de receptores “activos” de los mensajes artísticos y la participación de estos en actividades culturales, como si todo el esfuerzo que se realiza para la promoción de tales acciones, con o sin fines de lucro, se redujera a una cuestión del número de asistentes  que visitan una feria de libro, asisten a un concierto,  a una puesta en escena, a la presentación de un libro; o entre quienes compran o usufructúan un bien cultural mediante la renta o la compra del mismo, ente otros ejemplos.

Otro asunto que se acostumbra a pasar por alto es el que hace alusión a que el libro, el track que se descarga de una aplicación de música, una pintura o una fotografía, una puesta en escena de una obra de teatro o la coreografía de una danza, son manifestaciones o productos artísticos, según el soporte del que se trate.

Se confunde, entonces, el término “consumo” con otro vocablo como “participación”, por ejemplo. Y esto se debe, sobre todo, a que se parte del hecho de que todo el mundo entiende cuando se habla de cultura, cuando, paradójicamente, no es así. En realidad, quienes se precian de ser gestores, promotores o administradores de bienes y servicios culturales, son los primeros en no entender cuál es su verdadera función, al no tener claro quiénes son sus "clientes" o  la materia prima con la que supuestamente trabajan: cultura.

Si partimos del hecho de que el conocimiento es una representación de la realidad, ya tenemos de entrada los dos campos que nos interesan: el de la realidad y el de la mente. El conocimiento, sin darle muchas vueltas es un logro, quizás el principal de la evolución biológica del ser humano.

Lo anterior es trascendental porque también señala dos cualidades del conocimiento: se crea y se trasmite. De no ser así, nuestros ancestros no habrían logrado salir de las cuevas, la construcción de varia tecnología, pero, sobre todo, transmitir tales conocimientos a las siguientes generaciones.

Entonces, podemos dar por sentado de que el “conocimiento” se trasmite por vía genética o no. Y aquí volvemos a enfocar el asunto: “Cuando el conocimiento creado por una mente se trasmite por vía no genética, podemos denominarlo tranquilamente, cultura.”

Si partimos desde este punto de vista o de enfoque, queda claro que de lo que se trata cuando hablamos de desarrollo de públicos, en este caso, dentro de la cultura escrita, es la  de establecer los mecanismos para generar o estimular, compartir y aquí subrayamos, comprender, un determinado tipo de conocimiento.

El escritor, como el artista, el científico o cualquier ciudadano, necesita producir conocimiento sobre el mundo, el suyo, para aprehenderlo y compartirlo con otros como nosotros y así sentirnos menos solos. En resumen: se trata sobre conocer y dar a conocer.

Como se ha observado, el “público” es una noción que se usa para definir de alguna manera a esos interlocutores, destinatarios o beneficiarios de una determinada política cultural, propuesta o servicio, pero es obvio, que ese sesgo sigue siendo paternalista porque asume de entrada que es el administrador, gestor o promotor el que sabe lo que el espectador “necesita”, y al público lo que le queda es actuar como mero receptor.

En el Fondo Editorial Guanajuato apelamos a que el público, en este caso, los lectores, sean personas activas, responsables de sus experiencias, sean éstas existenciales, artísticas, culturales y, por supuesto, de sus procesos lectores. Porque todos somos creadores de nuestros propios conocimientos.

Mi nombre es Patricia Bermúdez

Tuve la fortuna de participar en estos seminarios como asistente, de ver impresas mis letras en antologías publicadas por Editorial La Rana. Posteriormente, éstas fueron dadas a conocer en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en los años 2012, 2016 y 2018. Diez años que me han permitido madurar como escritora y cristalizar la posibilidad de publicar y darme a conocer a nivel nacional así como en el extranjero. Por otro lado, me he involucrado en la promoción cultural, gestionando las obras de otras escritoras para visibilizarlas. Estos logros han sido posibles gracias al apoyo de Fondo Guanajuato.

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